Historia

A lo largo de más de dos siglos de desarrollo, los castells han evolucionado notablemente y han vivido situaciones extremas: de estar a punto de desaparecer, hace unos cien años, a vivir su mejor momento en la actualidad.

Los orígenes (1770-1800)

Los castells son una evolución del ball de valencians (‘baile de valencianos’), una muestra de folklore que finalizaba con el levantamiento de una figura humana. Cuando este baile, originario del País Valenciano, llegó a Cataluña en el siglo XVIII, arraigó con fuerza en las comarcas del Camp de Tarragona, el Penedès i el Garraf. La figura final con la que acababa el baile fue ganando protagonismo: el aliciente era hacerla cada vez más alta o complicada, no sólo para superarse a uno mismo, sino también para superar a los otros grupos de ball de valencians. Fue en Valls donde esta competencia acabó dando autonomía propia a la figura final, hasta convertirla en lo que hoy en día comocemos como castells.

Primeras colles (1801-1850)

Hacer la construcción más alta era el objetivo de los primeros castellers vallenses que, a principios del siglo XIX, se organizaron ya en dos colles: la de los Payeses y la de los Menestrales. Las colles vallenses se desplazaban por todo el Camp de Tarragona i el Penedès, de junio a octubre, participando en las fiestas mayores.

Primera época de oro (1851-1893)

Durante el primer siglo de existencia, el hecho casteller evolucionó en positivo. Las colles consiguieron hitos históricos como levantar castells de nueve pisos y la actividad gozaba de gran popularidad en su área tradicional. Es el periodo que se conoce como la primera época de oro de los castells (1851-1893).

La decadencia (1894-1926)

A principios del siglo XX se producen diferentes fenómenos que hacen que la actividad castellera se estanque: una fuerte immigración del campo a la ciudad para encontrar trabajo; los deportes modernos como el futbol empiezan a ganar adeptos, y la sardana ampurdanesa se impone por todo el territorio; en definitiva, los castells pasan de moda y pierden gas hasta el punto de llegar casi a desaparecer.

El resurgimiento (1926-1936)

Desde su nacimiento y durante cerca de 130 años, los castells habían sido patrimonio casi exclusivo de las colles de Valls –generalmente dos–, que a lo largo del siglo XIX se fueron desplazando por todo el territorio casteller: Camp de Tarragona, Penedès y Garraf. Pero después de unos años complicados, los castells viven un resurgimiento a partir de 1926, gracias, precisamente, a la aparición en Tarragona y en el Vendrell de las primeras colles estables no vallenses. Un hecho que modifica el mapa y motiva una nueva competencia que implicará un fuerte crecimiento del mundo casteller, con la recuperación de los castells de ocho pisos. Es también en este periodo cuando las colles empiezan a utilizar uniforme para diferenciarse entre si.

Los castells bajo el franquismo (1936-1975)

Los tres años de guerra (1936-1939) suponen un fuerte retroceso para la actividad castellera que, aun así, no se detiene. La posterior dictadura tampoco supone una prohibición de los castells, que entonces no son vistos como un símbolo de catalanidad, sino como un simple espectáculo tradicional local. No obstante, por ejemplo, después de la guerra el régimen obliga a las colles de una misma localidad a fusionarse en una sola entidad. Durante los años 50 y 60 se va recuperando la normalidad y el hecho casteller gana en vitalidad, con una gran rivalidad entre las colles de Valls y las demás. Se acerca el fin de la dictadura y los castells experimentan un cambio social que los acabará conviertiendo en lo que son en la actualidad. En 1969 nacen los Castellers de Barcelona, la primera agrupación de fuera del ámbito tradicional y también la primera en que los castellers no cobraban.

La recuperación de la calle (1976-19920)

La transición hacia la democracia comporta un movimiento social de recuperación de la calle y de reivindicación de la cultura catalana. En este contexto continúan surgiendo nuevas colles fuera del área tradicional castellera que plantean un nuevo modelo de colla, como los Minyons de Terrassa, nacidos en 1979, los primeros en integrar totalmente a las mujeres. Es en este momento cuando los castells se impregnan de muchos de los valores actuales: se convierten en una actividad altruista e integradora y se empiezan a concebir como un símbolo de país. En 1981 la Colla Vella dels Xiquets de Valls consigue descargar, casi un siglo después, un castell de nueve pisos, y abre las puertas a la que se ha llamado segunda época de oro de los castells.

El mejor momento (1993-Actualidad)

El mundo casteller vive una verdadera explosión a lo largo de los años 90, con la multiplicación del número de colles, la atención de los medios de comunicación, y la consecución, a partir de 1993, de construcciones nunca vistas, como los primeros castells de diez pisos (1998). El reconocimiento de los castells como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2010 por parte de la UNESCO supone certificar el prestigio del hecho casteller que, en los últimos años, se ha extendido prácticamente por todo el territorio catalán. Además, durante la última década los castells se han dado a conocer también internacionalmente, no sólo con actuaciones de colles catalanas por todo el mundo, sino también con la aparición de experiencias castelleres en sitios tan remotos como Chile o la China.

Los orígenes
(1770-1800)
Primeras colles
(1801-1850)
Primera época de oro
(1851-1893)
La decadencia
(1894-1926)
El resurgimiento
(1926-1936)
Los castells bajo el franquismo
(1936-1975)
La recuperación de la calle
(1976-1992)
El mejor momento
(1993-Actualidad)
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